Su construcción, toda estucada con barro, es una combinación de adobes, piedra, paja y maderas de la zona. Cada habitación es diferente, con una distribución espacial que se desarrolla a lo largo de pequeños caminos sinuosos que las enlazan dándoles a la vez privacidad y misterio. Esto dentro de un extenso terreno y con el impresionante marco escénico de la cordillera de los Andes.
Al observarlo, desde afuera, da la sensación de estar en un pequeño pueblito del Altiplano, o frente a una gran escultura, llena de detalles que se pueden leer de a uno o en su totalidad.
La decoración se desarrolló bajo el concepto de silencio visual, el ojo registra el hotel en su totalidad incluida en la inmensidad del desierto sin distraerse en objetos salvo aquellos que implican una utilidad. Asimismo el hotel tiene como objetivo hacer sentir a los que lo visitan que es un lugar que acoge, que permite gozar del silencio y la vista, refugiados del intenso clima de San Pedro. |